Muhammad Yunus y el microcrédito

En el mundo hay ideas que pueden parecer simples y sin embargo pueden llegar a ser muy poderosas porque justo en la simplicidad radica su grandeza. Esta es una de esas historias que transformaron al mundo, pero sobre todo, que transformaron la vida de millones de personas. 

Hace unos años, en 1974 un profesor de economía de nombre Muhammad Yunus regresaba a su país natal Bangladesh luego de haber realizado una estancia en Estados Unidos. Probablemente pudo haber pasado el resto de sus días como jefe del departamento de economía dentro de la universidad de Chittagong, lugar donde trabajaba, pero la realidad que era mucho más fuerte lo alcanzó. En aquel entonces, una hambruna azotaba buena parte del país, la aldea de Jobra donde se ubicaba la universidad  no era la excepción y mientras Yunus daba su clase, la gente de la aldea literalmente moría de hambre.

Preocupado por la situación comenzó a preguntarse cómo podía mejorar la vida de las personas, así que sin pensarlo, dejó que esta vez la aldea fuera su escuela y la gente sus profesores. Al platicar con ellos se encontró con una situación muy particular. Las personas solían recurrir a préstamos contratados con prestamistas locales que solían cobrar altos intereses y que los mantenían en una situación decadente que les impedía romper el círculo de pobreza. Hizo una lista con todos ellos; 42 personas que recurrían a prestamos y que en conjunto su deuda apenas llegaba al equivalente a 27 dólares. 

Fue entonces cuando decidió prestarles esos 27 dólares, sin un plazo o un interés fijo, el cual la gente logró reembolsar de manera íntegra luego de un tiempo. Pero esa solución inmediata no resolvía el problema más allá de esas 42 familias. Muhammad Yunus se dio cuenta de que hacía falta un mecanismo institucional que prestara dinero de manera recurrente ya las instituciones bancarias tradicionales se negaban a prestarles. También se dio cuenta de que la gente lograba reembolsar el dinero que le era prestado.

Así nació el microcrédito y años mas tarde el Grameen Bank. Una idea tan poderosa que fue replicada a nivel mundial, al grado de considerar al microcrédito como una estrategia de desarrollo económico para los sectores de la población más vulnerables. Acabar con la pobreza era el sueño de Yunus y el microcrédito era su instrumento, por tal motivo, fue llamado “el banquero de los pobres”. Tal fue el impacto del microcrédito que en el año 2006 le fue otorgado el premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para incentivar el desarrollo social y económico desde abajo.

La estrategia del microcrédito consiste en realizar préstamos pequeños a personas en situación de pobreza que no tienen manera de comprobar sus ingresos o que no pertenecen al sector bancarizado, es decir, que por su naturaleza jamás podrían acceder a un crédito formal dentro de una institución bancaria tradicional. 

Los préstamos necesariamente deberán ser destinados a la realización de actividades productivas relacionadas con la experiencia previa o las capacidades de las personas que lo solicitan, esto implica que la mayoría de los créditos se utilizan para financiar la adquisición de materias primas, herramientas, insumos o mercancías para puesta en marcha y operación de pequeños negocios (carpinterías, tortillerías, fondas, tiendas de abarrotes, y un largo etc.). La mayoría de estos préstamos son reembolsables a través de cuotas semanales y con pagos relativamente pequeños que no impliquen un desembolso fuerte para los beneficiarios. Esto les proporciona un primer impulso para comenzar un negocio que les genere un ingreso recurrente que en el largo plazo les ayude a superar sus condiciones de pobreza.

Hoy en día, el microcrédito se encuentra ampliamente difundido tanto en países en desarrollo, como en las economías del primer mundo. México no es la excepción. El sector microfinanciero ha experimentado un crecimiento sustantivo con empresas que han logrado un crecimiento exponencial, sin embargo el microcrédito ha pasado de ser visto como un instrumento de desarrollo para ser un producto financiero altamente rentable con un mercado amplio lleno de clientes potenciales y se ha alejado un poco de aquella visión del profesor Yunus. 

Aún existe un largo camino por recorrer para erradicar la pobreza y sin duda el microcrédito es una iniciativa muy valiosa. Quizás hacen falta más profesionistas y particularmente economistas preocupados por la realidad social, que sean capaces de crear instrumentos novedosos para el desarrollo de los sectores mas vulnerables de la población, pero sobre todo, la participación conjunta del sector privado, del gobierno y la academia en una cruzada sin precedentes para atacar la pobreza desde la realidad local. 

Publicado por octaviorch

Emprendedor social

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