Muhammad Yunus y el microcrédito

En el mundo hay ideas que pueden parecer simples y sin embargo pueden llegar a ser muy poderosas porque justo en la simplicidad radica su grandeza. Esta es una de esas historias que transformaron al mundo, pero sobre todo, que transformaron la vida de millones de personas. 

Hace unos años, en 1974 un profesor de economía de nombre Muhammad Yunus regresaba a su país natal Bangladesh luego de haber realizado una estancia en Estados Unidos. Probablemente pudo haber pasado el resto de sus días como jefe del departamento de economía dentro de la universidad de Chittagong, lugar donde trabajaba, pero la realidad que era mucho más fuerte lo alcanzó. En aquel entonces, una hambruna azotaba buena parte del país, la aldea de Jobra donde se ubicaba la universidad  no era la excepción y mientras Yunus daba su clase, la gente de la aldea literalmente moría de hambre.

Preocupado por la situación comenzó a preguntarse cómo podía mejorar la vida de las personas, así que sin pensarlo, dejó que esta vez la aldea fuera su escuela y la gente sus profesores. Al platicar con ellos se encontró con una situación muy particular. Las personas solían recurrir a préstamos contratados con prestamistas locales que solían cobrar altos intereses y que los mantenían en una situación decadente que les impedía romper el círculo de pobreza. Hizo una lista con todos ellos; 42 personas que recurrían a prestamos y que en conjunto su deuda apenas llegaba al equivalente a 27 dólares. 

Fue entonces cuando decidió prestarles esos 27 dólares, sin un plazo o un interés fijo, el cual la gente logró reembolsar de manera íntegra luego de un tiempo. Pero esa solución inmediata no resolvía el problema más allá de esas 42 familias. Muhammad Yunus se dio cuenta de que hacía falta un mecanismo institucional que prestara dinero de manera recurrente ya las instituciones bancarias tradicionales se negaban a prestarles. También se dio cuenta de que la gente lograba reembolsar el dinero que le era prestado.

Así nació el microcrédito y años mas tarde el Grameen Bank. Una idea tan poderosa que fue replicada a nivel mundial, al grado de considerar al microcrédito como una estrategia de desarrollo económico para los sectores de la población más vulnerables. Acabar con la pobreza era el sueño de Yunus y el microcrédito era su instrumento, por tal motivo, fue llamado “el banquero de los pobres”. Tal fue el impacto del microcrédito que en el año 2006 le fue otorgado el premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para incentivar el desarrollo social y económico desde abajo.

La estrategia del microcrédito consiste en realizar préstamos pequeños a personas en situación de pobreza que no tienen manera de comprobar sus ingresos o que no pertenecen al sector bancarizado, es decir, que por su naturaleza jamás podrían acceder a un crédito formal dentro de una institución bancaria tradicional. 

Los préstamos necesariamente deberán ser destinados a la realización de actividades productivas relacionadas con la experiencia previa o las capacidades de las personas que lo solicitan, esto implica que la mayoría de los créditos se utilizan para financiar la adquisición de materias primas, herramientas, insumos o mercancías para puesta en marcha y operación de pequeños negocios (carpinterías, tortillerías, fondas, tiendas de abarrotes, y un largo etc.). La mayoría de estos préstamos son reembolsables a través de cuotas semanales y con pagos relativamente pequeños que no impliquen un desembolso fuerte para los beneficiarios. Esto les proporciona un primer impulso para comenzar un negocio que les genere un ingreso recurrente que en el largo plazo les ayude a superar sus condiciones de pobreza.

Hoy en día, el microcrédito se encuentra ampliamente difundido tanto en países en desarrollo, como en las economías del primer mundo. México no es la excepción. El sector microfinanciero ha experimentado un crecimiento sustantivo con empresas que han logrado un crecimiento exponencial, sin embargo el microcrédito ha pasado de ser visto como un instrumento de desarrollo para ser un producto financiero altamente rentable con un mercado amplio lleno de clientes potenciales y se ha alejado un poco de aquella visión del profesor Yunus. 

Aún existe un largo camino por recorrer para erradicar la pobreza y sin duda el microcrédito es una iniciativa muy valiosa. Quizás hacen falta más profesionistas y particularmente economistas preocupados por la realidad social, que sean capaces de crear instrumentos novedosos para el desarrollo de los sectores mas vulnerables de la población, pero sobre todo, la participación conjunta del sector privado, del gobierno y la academia en una cruzada sin precedentes para atacar la pobreza desde la realidad local. 

Cómo constituir una empresa (fácil, rápido y gratuito)

Constituir una empresa, no es más que darle una formalidad legal. Tampoco digo que esto sea poca cosa, lo que quiero decir es que la constitución legal no es el primer paso que debes dar, ni tampoco el último, se trata justamente de darle la certeza jurídica a tu empresa en el momento en que lo necesita. 

Una empresa nace cuando el emprendedor tiene una idea, cuando decide ponerla a prueba y esta es aceptada por el mercado; cuando se le pone un nombre a este proyecto y logra su primera venta. La empresa existe gracias al empresario o al emprendedor y no al revés. 

El momento de constituir una empresa llega después de una serie de pasos que tienen que ver con la planeación, desarrollo, ventas e incluso la necesidad (de emitir facturas, por ejemplo). Desde mi punto de vista, siempre es importante constituir legalmente una empresa como persona moral, aunque hay quien decide operar como persona física con actividad empresarial. La decisión de cada persona es respetable. 

Si ya llegaste hasta el punto en el que estás considerando darle formalidad a tu empresa, es momento de que tomes una decisión muy importante; la figura mercantil que tomará tu empresa. 

Las figuras mercantiles tradicionales van desde las sociedades anónimas de capital variable, de responsabilidad limitada, de sociedad de producción rural y un largo etcétera.La mayoría de estas figuras requieren la intervención de un fedatario que por lo regular suele ser un notario público el cual, dependiendo el caso, puede oscilar entre los 10mil y 30mil pesos de honorarios por la elaboración de un acta constitutiva, o en ocasiones puede estar en función del monto total de capital con el que será creada la empresa. Para algunos esto puede ser poco dinero, lo cierto es que si eres una startup o un negocio que apenas va en crecimiento, esto puede representar el valor equivalente al pago de un mes de renta, de una parte de la nómina o de una cantidad determinada de insumos necesarios para la operación, es decir, puede resultar un tanto oneroso para algunos emprendedores. 

No obstante, en el panorama de las figuras mercantiles hay una nueva participante llamada Sociedad por Acciones Simplificada SAS (por sus siglas). De reciente creación, esta figura fue hecha a la medida de los emprendedores y de los micro y pequeños empresarios y tiene dos características principales que la hacen una herramienta formidable. 

La primera es que la constitución legal es completamente gratuita y se puede hacer totalmente en línea a través de la plataforma tu empresa.gob La segunda es que se puede crear a partir de una sola persona. Antes de la SAS, esta era una de las grandes limitantes del resto de las sociedades, ya que ninguna de ellas permite constituir una empresa con una sola persona. Además tiene entre sus otras características que el valor de las acciones puede comenzar desde $1. Si, un peso. 

Entre sus limitantes está el hecho de que ninguno de los socios puede ser accionista mayoritario en otra sociedad y que el límite Máximo de ventas es de 5 millones. Nada mal para empezar. 

La plataforma te va llevando paso a paso por todo el proceso; desde solicitar la autorización de una razón social para la empresa, establecer el (los) socio(s), determinar el valor de las acciones, la principal actividad, etc. El resultado final es un acta constitutiva con toda la validez legal, firmada electrónicamente por la Secretaria de Economía como fedatario. Además, la plataforma te entrega el RFC de la empresa con firma electrónica y genera en automático la inscripción ante el Registro Público de Comercio. Incluso, te pone en contacto con un banco que ofrece los servicios de apertura de una cuenta diseñada para este tipo de empresas donde te garantiza ciertos beneficios durante el primer año.

Lo único que necesitas para tramitarla es tu firma electrónica, en caso de que tengas socios, ellos también la necesitarán. Debo decir también que su sistema de atención es muy eficiente, en el correo sascontacto@economia.gob.mx suelen atender tus dudas en un tiempo de respuesta no mayor a 24 hrs. 

La constitución legal de una empresa es un paso importante para darle formalidad a tu negocio, si crees que ha llegado el momento de dar este paso, considera todas tus opciones, entre ellas la figura de SAS. Puede que te sea de mucha utilidad en el corto plazo.

La propuesta de valor

Ya les hablé hace un par de semanas sobre el modelo de negocios y su importancia para el emprendedor. También les hablé de Alexander Osterwalder, el creador del modelo canvas, un moderno y sencillo lienzo para el diseño del modelo de negocios. Si se perdieron ese artículo lo pueden encontrar aquí.

Osterwalder y sus coautores llegan en 2014 con una nueva entrega, el complemento perfecto de su primer libro Generación de modelos de negocio; que lleva por título Diseñando la propuesta de valor, un libro que se vuelve literalmente una caja de herramientas para cualquier emprendedor. Pero a todo esto ¿qué es la propuesta de valor?. Sencillamente es una descripción de los beneficios que los clientes pueden esperar de tus productos y servicios. 

La propuesta de valor es importante porque representa todo aquello que tu producto/servicio tiene que puede resolver las necesidades o proporcionar satisfacciones a tus clientes. Esto va mas allá de la visión clásica de que nuestro producto o servicio debe tener un diferenciador del resto de la competencia. En pleno siglo XXI, con los mercados inundados de millones de productos que sirven para lo mismo, un diferenciador (irónicamente) ya no hace la diferencia. 

El cliente/consumidor actual se ha transformado y no solo y elige productos “diferenciados” sino que elige aquellos que le proporcionan un mayor valor de acuerdo a su propia escala de satisfacción. El cliente actual ya no sólo consume aquello que le resuelve el problema, sino que consume aquello con lo que se identifica, aquello que le proporciona un valor en un sentido más amplio. Sin embargo esta concepción no es del todo nueva, lo innovador es la forma en que se presenta y la metología que usa Osterwalder para el diseño de una propuesta de valor. Dentro del campo de la microeconomía, esto se basa en la teoría del excedente del consumidor, que en esencia se refiere a todo aquello que represente para el consumidor un mayor valor del que pagó por un bien o servicio. 

Pues bien, buscar ese valor que nuestros clientes desean y por el cual están dispuestos a pagar una cantidad monetaria determinada es de lo que se encarga Osterwalder en este libro. Además, plantea un cambio de paradigma muy interesante con tan sólo cambiar unas palabras: crear, diseñar y entregar valor al cliente para poder captar valor de vuelta. Analicemos brevemente esto; el concepto tradicional de diferenciador del producto/servicio  se transforma en valor para el cliente y el concepto de ventas por el de captar valor de vuelta

Podría parecer algo simple, pero esto cambia totalmente la visión. Las grandes startups y los grandes emprendedores entendieron esto y se preocuparon por entregar a su cliente un valor dentro de sus productos y servicios antes de preocuparse por el volumen de las ventas. 

Apple es quizás uno de los ejemplos más icónicos de esta época. Steve Jobs es probablemente una de las mentes mas brillantes en el campo de la innovación y pasó a la historia por que entendió que las personas necesitaban algo más que tecnología en sus manos con una interfaz accesible para el usuario (lo cual ya era un diferenciador). Tomando como ejemplo al iPod, Apple fue más allá del desarrollo de un dispositivo con un diseño impecable, fácil de usar y con una gran capacidad de almacenamiento; la compañía al mando de Jobs entendió que los usuarios necesitaban tener el poder de tomar sus decisiones y creó la tienda virtual iTunes, donde ahora era posible algo tan sencillo pero impensable hasta ese entonces: comprar una canción de tu artista favorito en lugar de tener que comprar todo el álbum. 

Esa propuesta de valor que otorgó al cliente no sólo revolucionó el mercado naciente de los reproductores digitales de música, también revolucionó por completo la industria discográfica. Lo interesante aquí es que Jobs pensó y diseñó sus productos y servicios mucho antes de que Osterwalder lo conceptualizara de una manera sencilla. Por eso Jobs fue todo un visionario. 

El libro Diseñando la propuesta de valor contiene muchas lecciones importantes, pero por cuestiones de espacio quiero destacar solo una: Ninguna propuesta de valor puede satisfacer todas las necesidades del cliente. Las mejores suelen centrarse en resolver unas pocas, pero resolverlas excepcionalmente bien.  

El método Lean Startup

En 2011, Eric Ries escribió un libro que vendría a revolucionar la manera en la que los emprendedores desarrollan sus proyectos de negocio: The Lean Startup

Sin embargo, esta metodología comezó a desarrollarla en 2008 luego del fracaso de uno de sus proyectos más importantes. Y es que el fracaso (del que escribí hace un par de semanas) es uno de las cosas que más aprendizaje y experiencia aportan. El caso de Eric Ries y su libro es la perfecta representación de todo ese aprendizaje materializado. 

Hoy en día, Lean Startup es una de las metodologías ágiles mas utilizadas por los emprendedores en la implementación de sus proyectos. A diferencia de las metodologías tradicionales que se basan en largos periodos de planeación y preparación (por ejemplo, PMI), la metodología Lean Startup se basa en algo mucho mas sencillo; el ensayo y error. La clave del éxito es la sistematización de este ejercicio y su aprendizaje, todo ello en periodos de tiempo relativamente cortos a manera de identificar lo mas rápido y claro posible los intereses de los clientes potenciales. 

Lean Startup establece un procedimiento muy sencillo; el desarrollo de un Producto Mínimo Viable (PMV) que podamos probar con un pequeño segmento de clientes antes de salir al mercado. Esto resulta mucho mas eficiente en lugar de invertir tiempo, dinero y esfuerzo en la creación de un “gran” producto final para luego salir al mercado y darnos cuenta de que a nuestros posibles clientes no les parece tan atractivo como lo habíamos imaginado. 

Aprender escuchando a nuestros posibles clientes es mucho más ilustrativo, ya que el mercado es quien determina el éxito de nuestro producto o servicio. Probablemente se tengan que hacer ajustes a este PMV, a manera de satisfacer las recomendaciones y atender las necesidades de nuestros clientes potenciales. De esta manera no es erróneo decir que la clave del éxito es precisamente el fracaso, o mejor dicho; el aprendizaje derivado del fracaso. 

Eric Ries estableció un procedimiento sencillo para ello, al que llamó Circuito de Feedback: Crear – Medir – Aprender. Esto es, a partir de la idea de negocio crear una propuesta de producto para medir su nivel aceptación y obtener información de la cual aprender escuchando la retroalimentación de nuestros clientes. 

Este ciclo se puede repetir el número de veces que sea necesario, sin embargo, como emprendedores no podemos dar vueltas eternamente en este ciclo ya que todos tenemos restricciones de tiempo, de dinero, de esfuerzo o de una combinación de las tres. Lo ideal es materializar el aprendizaje e implementar los cambios necesarios en el Producto Mínimo Viable y medir su aceptación hasta que tengamos la seguridad de salir al mercado. 

A través de esta metodología se puede validar que nuestro producto/servicio satisface las necesidades de nuestros posibles clientes y que efectivamente tiene una demanda en el mercado, invirtiendo mucho menos recursos que los que podrían utilizarse bajo el método tradicional y acortando la curva de aprendizaje al ponernos en contacto directo con las personas a las que queremos llegar. 

En pocas palabras, el método Lean Startup nos invita a jugar con el error a partir de un principio bastante sencilo; falla barato, falla pronto y ajusta, de manera que te aproximes a la solución cuanto antes para poder crear ese valor que tu cliente necesita y por el cual está dispuesto a pagar. Esto sin duda cambió la perspectiva de millones de emprendedores y le dio un giro a la disciplina del emprendimiento. 

Si están interesados en adquirir el libro, les dejo aquí el enlace para compra en Amazon.

El modelo de negocios: herramienta fundamental para el emprendedor

Mucho se habla recientemente de los “modelos de negocio” como si fuera algo realmente novedoso. Lo cierto es que los modelos de negocio siempre han existido, lo que ha cambiado es la forma de crearlos. 

Un modelo de negocio se refiere, en su concepción mas simplista, a la forma en que opera una empresa y la manera en que funcionan sus procesos para crear valor. Ya sea que dicha empresa venda un bien o servicio, una experiencia o cualquier combinación posible en el mercado, el modelo de negocio va a definir esa manera en la que la empresa “hace” dinero. 

Pongamos dos ejemplos sólo para establecer de manera sencilla lo que trato de decir; pensemos en Coca-Cola y su modelo de negocio a grandes rasgos. Coca-Cola vende bebidas refrescantes y las pone al alcance del consumidor literalmente, a la vuelta de la esquina. En cualquier lugar de México donde vayas, encontrarás la mas humilde tienda y en ella, seguro tienen Coca-Cola. Su modelo entonces esta basado en la distribución de su producto y ponerlo al alcance de cualquiera para que la disfrutes en el momento que se te antoje. Además de eso, complementan su ciclo de creación de valor estableciendo relaciones con sus clientes primarios -las tiendas- y otorgándoles refrigeradores, carteles o incluso pintando sus fachadas con el logotipo de Coca-Cola. Por el otro lado, invierten brutalmente en publicidad en todos los medios posibles, desde tv hasta espectaculares, medios impresos, medios digitales, eventos y un sin fin de etcéteras. Ese es su modelo de negocio y funciona muy bien.

Pensemos ahora en Amazon y su modelo de negocio. Un sitio web en el que puedes encontrar de todo, literal. Ofrece a sus clientes la posibilidad de adquirir una gran variedad de artículos y recibirlos en la puerta de su hogar, todo con unos cuantos clics desde la comodidad de tu sofá. Con tiempos de entrega razonables, calidad en sus productos y la facilidad de poder hacer todo desde cualquier computadora, tablet o smartphone, Amazon complementa su ciclo de creación de valor con publicidad principalmente en medios digitales, pero no cualquier tipo de publicidad, sino publicidad dirigida completamente al cliente de manera personalizada a través de la utilización del big data. Eso puede sonar muy complejo, y probablemente lo es. Dejemos que los ingenieros, programadores, expertos y demás involucrados en el tema lo expliquen mejor. Les propongo hacer una simple prueba desde nuestra condición de usuarios; busquen en internet cualquier cosa con un tópico en común y verán la magia del big data. Supongamos que de pronto estamos interesados en el ciclismo o por curiosidad queremos averiguar mas información sobre el tema. Busquemos en Google algo tan simple como “bicicleta”, navegamos un rato por los resultados y luego escribimos “bicicleta de montaña”, no hagamos muy largo el ejercicio, visitemos un par de páginas y por último busquemos “accesorios para bicicleta”. Acto seguido, vayan a su respectivo Facebook y comenzarán a ver publicidad (de que creen?) de bicicletas! Les lloverán ofertas en un sitio y otro tratando de atraer su interés hacia eso que ustedes escribieron en su buscador. En una de esas ustedes terminarán comprando en Amazon una bicicleta justo como la necesitan. Ese es el modelo de negocio. Sirvan estos ejemplos para establecer como funciona la manera en que una empresa crea valor, pero volvamos al concepto modelo de negocios y la forma novedosa de crearlos.

Hace unos años, un chico de origen suizo creó un “lienzo” para hacer mucho más fácil el desarrollo de modelos de negocio, su nombre: Alexander Osterwalder.

Su herramienta es muy sencilla pero altamente poderosa; el modelo canvas plantea nueve módulos que permiten identificar perfectamente las fuentes de ingresos, la estructura de costos, la relación con los clientes y la propuesta de valor, entre otras. El modelo canvas se ha vuelto tan popular, al grado que pueden googlearlo y tendrán miles y miles de resultados. Pueden obtener plantillas, ejemplos y muchas estrategias para crear uno propio. 

En su definición, Osterwalder nos dice que un modelo de negocio describe las bases sobre las que una empresa crea, proporciona y capta valor. De este modo, los emprendedores pueden poner a prueba su idea de negocio y hacer el ejercicio para comprobar que efectivamente la idea es capaz de crear, proporcionar y captar valor. Si desean conocer más sobre el modelo les sugiero consultar la fuente directa del autor, su libro: Generación de Modelos de Negocio de Alexander Osterwalder & Yves Pigneur, que pueden adquirir en Amazon, por cierto. 

Llevaría tiempo explicar en este espacio cómo crear un modelo de negocios y por lo general es un trabajo que funciona sobre ensayo y error (para eso les hablaré después sobre la validación de la idea), pero una vez que el modelo se tiene bien claro y definido, se vuelve el plan perfecto para conseguir el éxito en nuestro proyecto de negocios. 

La innovación: elemento clave a la hora de emprender

Cuenta una antigua leyenda que el rey Hierón II pidió a un orfebre que le hiciera una corona de oro, para lo cual le dio un lingote puro del precioso metal. Cuando el orfebre la hubo terminado, el rey quedó muy satisfecho por el hermoso trabajo que éste habia hecho, pero tiempo después el rey comenzó a ser asediado por las dudas. La corona pesaba lo mismo que el lingote, pero ¿y si el orfebre había sustituido parte del oro por plata para engañarle y quedarse con una parte del oro puro?

Arquímides, quien ya era un famoso sabio y matemático de la época, fue mandado a llamar por el rey y éste le pidió que resolviera sus dudas, pero sin fundir la corona, ya que en verdad estaba muy contento con el trabajo. Arquímides comenzó a pensar en la solución del problema pero no conseguía ninguna idea, hasta que un día estando a punto de darse un baño, notó que el agua de la tina se encontraba al borde y que en cuanto apenas metió un pié dentro, el agua se derramó. 

Esto detonó la idea que daría solución al problema y fue tanta su emoción que, sin tiempo de vestirse salió a la calle desnudo gritando Eureka! Eureka!. De esta manera, al presentarse con el rey, Arquímides tomó un lingote de oro y de plata del mismo peso de la corona y los sumergió en agua, midiendo la cantidad de agua que derramaba cada uno; así determinó la densidad de ambos materiales. Al hacer la última prueba con la corona, el agua derramada se situó entre ambos parámetros y pudo determinar que efectivamente, a una parte de la corona se le había añadido plata. 

Aunque esta leyenda no ha sido comprobada, es muy popular (al igual que la leyenda de Newton y la manzana). Lo cierto es que Arquímides, además de ser el autor del principio que lleva su nombre, es considerado el padre de la innovación; ya sea por su genialidad y aplicación de sus conocimientos a un nuevo campo o por su famosa expresión de emoción al conseguir una respuesta que le fue develada casi como una epifanía: Eureka!

Los genios completos como Arquímides son únicos y especiales, casi se podría decir que son contados en el mundo, pero lo cierto es que en cada uno de nosotros siempre hay una chispa de genialidad. Esa chispa de genialidad muchas veces es suficiente para proponer un cambio en el modelo de negocios de nuestro proyecto que, si es bien fundamentado, nos puede garantizar el éxito. A esa nueva aplicación de algo que ya existe o a esa nueva combinación de elementos para generar algo novedoso es a lo que en el terreno del emprendimiento llamaremos innovación. 

Ahora bien, según diversos autores hay diferentes clasificaciones posibles de la innovación. Para tratar de ser lo más breve posible, abordaré tres innovaciones que son perfectamente aplicables a los emprendedores; innovación en el proceso, innovación en el producto e innovación en la distribución.  

Innovación en el proceso: Se refiere específicamente a aquella relacionada con la implementación de elementos innovadores en la fabricación y/o elaboración del producto o servicio que vamos a otorgar. Ejemplo: La “nueva” pizza de sartén de Domino’s 

Innovación en el producto: Cuando el bien o servicio que otorgamos a nuestro cliente tiene un elemento o ingrediente nunca antes incorporado que lo hace único y diferente de nuestra competencia. Ejemplo: Chiczá, una goma de mascar hecha en Campeche con ingredientes 100% naturales.

Innovación en la distribución: Cuando la manera en la que hacemos llegar nuestros productos o servicios tiene un elemento que lo hace más eficiente, cercano o incluso diferente, de manera que nuestro cliente final lo aprecia. Ejemplo: los vendedores de Bon-Ice en cada crucero de la Ciudad de México

En el caso de los proyectos sociales, existe además la innovación social, sin embargo esto requiere un espacio aparte, por lo que escribiré mas adelante sobre el tema. 

Para los emprendedores, entender este concepto y hacer un esfuerzo adicional para conseguir elementos innovadores en nuestra idea de negocio  es fundamental, ya que en la medida en la que se pueda innovar y comunicar correctamente el diferenciador de nuestro producto o servicio hacia nuestros posibles clientes, esto podría incrementar significativamente el volumen de ventas y desde luego la posbilidad de alcanzar el éxito financiero de la empresa.

La innovación no es un tema reservado exclusivamente para los desarrolladores y cientificos en laboratorios de grandes empresas dedicadas a la investigación; para ello basta ver los ejemplos arriba citados. La innovación está presente en muchos lados y está mucho más al alcance de nosotros de lo que pensamos. 

Los ODS y el emprendimiento social

Ya hablaba en el post anterior sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero ¿que tienen que ver con el emprendimiento o particularmente con el emprendimiento social?

Pues bien, el emprendimiento y sus herramientas son tan versátiles que pueden adaptarse a muchas circunstancias y los problemas del mundo; ambientales y sociales no son la excepción. 

Los ODS son entonces un eje transversal simplificado (por decirlo de alguna manera) que funcionan como una especie de “faro”, una guía que nos indica la dirección en la que debemos caminar para alcanzar un futuro que permita el equilibrio entre los humanos y el planeta, principalmente para garantizar los recursos para las siguientes generaciones. 

Toda presencia humana en el planeta tiene un impacto, a veces mayor y a veces menor, la idea es que cada vez sea menor y para ello se requiere la educación y conciencia de todos en este planeta; todos. 

Los ODS no son solo un cúmulo de buenos deseos, tienen una estructura y lo más importante, establecen acciones que pueden ir de lo más simple que literalmente podemos hacer desde la comodidad de nuestro sofá hasta lo mas complejo. Si no me creen, consulten la guía de los vagos para salvar el mundo, una propuesta fenomenal de la ONU. 

Si desean actuar entonces desde el sofá, está bien. Pero hay (habemos) personas que simplemente no podemos quedarnos cruzados de brazos cuando vemos un problema. Así somos los emprendedores y particularmente los emprendedores sociales. 

Cuando hablaba de que el emprendimiento social es una extraña combinación de un modelo exitoso de negocios que además genera un impacto social positivo, lo decía muy en serio. Y es que eso es lo que principalmente define a este gremio; el emprendimiento social nace con el objetivo de resolver un problema y para ello busca formas alternativas e innovadoras de solucionarlo y se vale de un modelo de negocios para garantizar que esta solución sea sostenible en el largo plazo. Si se lo estaban preguntando, el emprendimiento tradicional funciona exactamente al revés; primero se desarrolla el modelo de negocios para garantizar el exito financiero y después -si el emprendedor así lo desea- puede donar una parte de las ganancias a una causa con la que se identifique. 

No digo que una forma sea mejor que otra, pero es claro que el emprendimiento social se enfoca justamente en la solución de un problema como objetivo primordial.

Una vez explicado con mayor detalle ambos modelos, es mucho más claro abordar la forma en que los ODS toman importancia para los emprendedores sociales. 

Comprometerse a emprender con una causa que está representada a través uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible no sólo le brinda rumbo al proyecto sino que también le proporciona fortaleza. Un proyecto de emprendimiento bien sustentado tiene muchas más posibilidades de obtener éxito e incluso de acceder a diferentes apoyos de instituciones gubernamentales o de organizaciones internacionales. 

Para concluir debo decir que estos objetivos no se van a cumplir solos. El hecho de que hayan sido propuestos por la ONU, no quiere decir que toda la responsabilidad sea de este organismo. Alcanzar soluciones es un trabajo conjunto que además de incluir a este importante actor, también incluye a los gobiernos, la academia, la sociedad los empresarios, y desde luego a los emprendedores. 

Sin embargo, se requiere ingenio, destreza y talento para que un emprendedor pueda crear un negocio que además de atender un problema social pueda también alcanzar el éxito financiero. Es aquí donde entra en el juego del emprendimiento otras herramientas de las que hablaré próximamente; la innovación y el modelo de negocios. 

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible [ODS]

La pobreza extrema y el hambre son problemas que han lacerado a la humanidad desde tiempos inmemoriales. Muchas iniciativas se han creado para atender este problema, desde fundaciones de caridad hasta conciertos para la recaudación de recursos destinados a la beneficencia.

Y aunque estos dos problemas podrían ser los más preocupantes para la humanidad, la realidad es que hoy en día tenemos muchos otros de los que es también importante ocuparnos. Hemos llegado a un punto en el que el futuro de la humanidad está comprometido. Mantener el bienestar humano a costa de todo, nos ha llevado al límite de la explotación de los recursos naturales y como consecuencia su agotamiento. Y no solo eso, el consumo humano genera también residuos contaminantes que han impactado de manera importante los diferentes ecosistemas, de manera que hoy tenemos ríos contaminados, mares llenos de botellas de plástico y un agujero en la atmósfera. En resumen, es responsabilidad de todas y todos cuidar el planeta en el que vivimos y a las personas más desfavorecidas que viven en las condiciones más desfavorecidas. 

Como ya he mencionado, las iniciativas para resolver estos problemas han sido muchas, pero hoy en particular quiero hablar sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una de las más importantes redes que, aprovechando la gran articulación y presencia en 189 países de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y su amplia vinculación entre instituciones de todo tipo (sector público, privado, instituciones educativas y organizaciones de la sociedad civil) a lo largo del globo, han tenido gran impacto en la generación de conciencia y en la búsqueda de soluciones.

La propuesta de la ONU nace en los albores del año 2000 lo que en ese entonces se llamó Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM); ocho objetivos para ocho principales problemas cuyo objetivo número uno, era para el año 2015 reducir a la mitad el número de personas que padecen hambre y que se encuentran en situación de pobreza extrema. El año 2015 llegó y probablemente no se cumplió ni la cuarta parte del objetivo, pero ello no implica que se dejen de buscar soluciones. Los problemas persistentes requieren soluciones de largo plazo, de manera que los ODM fueron sólo una primera etapa en el camino hacia desarrollo mundial.

Como dije, el año 2015 llegó y los ODM se transformaron ahora en Objetivos de Desarrollo Sostenible. En esta ocasión se establecieron 17 objetivos, más concretos y puntuales, con metas más ambiciosas que buscan acabar no sólo con la pobreza y el hambre, sino también con la desigualdad y la injusticia y donde también juega un papel importante hacer frente al cambio climático, la fecha límite: el año 2030.

Más allá de las críticas a los organismos internacionales y/o instituciones supranacionales, los ODS están redefiniendo la Cooperación Internacional para el Desarrollo y están demostrando que es posible trabajar en conjunto más alla de las fronteras políticas de los Estados-Nación en la búsqueda de soluciones para todos. Los países son muchos y sus diferencias aún más, pero planeta solo hay uno. 

México, como miembro de la ONU también es partícipe de muchas acciones y proyectos importantes en la Agenda 2030.

Definitivamente los problemas persistentes necesitan soluciones que trasciendan generaciones; necesitan cambios profundos en nuestra conciencia y cambios profundos en nuestros hábitos de consumo. Si queremos dejar un mundo -ya no digamos un mejor mundo, sino un mundo saludable- para las siguientes generaciones, es importante implementar todos estos cambios y hacerlo hoy.

Bueno, y a todo esto ¿qué tienen que ver los Objetivos de Desarrollo Sostenible con el emprendimiento?. Se los contaré en el siguiente post.

El mito del financiamiento o de cómo empezar a emprender sin recursos

La mayoría de los emprendedores cuando empiezan (empezamos) piensan (pensamos) que lo primero que se necesita es dinero para comenzar el proyecto, sin embargo, no hay idea mas equivocada. 

He visto muchos emprendedores limitados por que necesitan dinero para echar a andar sus proyectos y a falta de él, caen en una espiral en picada que termina por nunca realizar el proyecto. Por el contrario, he visto proyectos que traen un buen financiamiento del emprendedor, de los socios o de terceros y donde el dinero termina literalmente en la basura. 

¿Que es entonces lo que necesita un proyecto para ser exitoso? La respuesta definitivamente no está en el dinero, por lo que si pensaban que el financiamiento era indispensable, están muy equivocados. No me malentiendan, de ninguna manera estoy diciendo que para emprender no se necesita financiamiento; claro que se necesitan recursos financieros, materiales y humanos. Lo que quiero decir es que el error está en pensar que el orden jerárquico del dinero está en primer lugar. Error.

Para terminar de destruir el mito: conseguir financiamiento tampoco es lo más difícil. No me malentiendan de nuevo, no estoy diciendo que el dinero se da en los árboles, pero hoy en día hay muchas maneras de allegarse recursos para financiar el proyecto. 

Si cada emprendedor tuviera que esperar a contar con todos los recursos “ideales” que requiere su proyecto, probablemente nadie haría nada. Y es que sentarse a ahorrar hasta juntar lo necesario nos puede llevar mucho tiempo; esperar a que la suerte nos ponga al tío Slim en un elevador para poderle lanzar nuestro elevator pitch y cautivarlo con nuestro proyecto podría tomarnos toda la vida (y quién sabe si la de él), o peor aún, esperar a sacarnos la lotería para tener el dinero suficiente e invertirlo en un negocio puede que nunca suceda (sobre todo si no compramos billetes de lotería).

La realidad puede ser muy distante, lo cierto es que si en verdad estamos convencidos de ser emprendedores, lo primero que debemos hacer es preocuparnos por que el proyecto sea sólido y para ello sólo hacen falta dos cosas que no precisamente requieren de recursos financieros; una buena idea y una buena planeación. Cuando el proyecto es sólido, escalable y con una buena rentabilidad entonces si viene el gran reto, fondearlo para llevarlo a nivel producción y salir al mercado. 

El financiamiento propio o ajeno debe ser administrado. En mi recomendación éste debe estar en el último eslabón de la cadena de un proyecto, justo cuando es más necesario, no antes y no después. La realidad es que con poco presupuesto se puede sortear la etapa de planeación e incluso el desarrollo de un producto mínimo viable y la etapa de validación. Antes de aventurarse a tramitar créditos, endeudarse, pedir prestado a la tía o arriesgarse a perder todos los ahorros, es importante invertir y utilizar con inteligencia los (pocos o muchos) recursos disponibles. 

Si están por empezar en el mundo del emprendimiento, olvidense por un momento de la preocupación por obtener financiamiento y preocúpense eso si, en desarrollar un buen modelo de negocios para su producto o servicio. Mi mejor recomendación es que salgan y conozcan el ecosistema emprendedor de su ciudad o país.

El ecosistema emprendedor, al menos en México es uno de los más desarrollados, no quiero hacer spoiler de otro post en el que hablaré de esto mas a fondo (por ahora solo me interesa establecer que el financiamiento no es el primer paso), pero una alternativa de hacerse de recursos es participando en concursos, encuentros, convocatorias, rallysbootcamps y todo lo que se ponga enfrente, obviamente con la mira en los premios pero donde además podrán probar la idea de su emprendimiento. Muy importante; cuando hablo de recursos, no me refiero exclusivamente a financiamiento; tomen en cuenta que aunque algunos pueden ofrecer premios en efectivo, muchos de estos concursos tienen premios en  especie como capacitaciones, talleres, mentorías, etc. Todo ello es muy valioso para comenzar y la verdad es que todo eso suma a tu proyecto y por minúsculo que parezca, aprovéchenlo. 

El emprendimiento social: emprender para ayudar

El emprendimiento ha evolucionado mucho desde sus inicios y aún le queda mucho por evolucionar. Podríamos remontarnos mucho tiempo atrás y notar los grandes avances que ha tenido la disciplina de emprender, partiendo desde la innovación y pasando por los medios para obtener financiamiento e incorporando metodologías auxiliares que hoy son herramientas fundamentales para el emprendedor. 

Por llamarlo de alguna manera, el emprendimiento tradicional surge en respuesta a esas necesidades de la innovación; pensemos en uno de los emprendedores más famosos de nuestra era, Steve Jobs, cuya mente maestra revolucionó la industria de la tecnología al grado en que hoy es casi imposible que ninguno de nosotros no conozca o utilice sus productos o servicios, no obstante, dichas innovaciones están orientadas a satisfacer un mercado totalmente de consumo. 

Sin embargo, el emprendimiento es una disciplina tan versátil que su estructura ha podido transformarse para conseguir otro tipo de objetivos mas allá del mero éxito comercial. Es así como surge el emprendimiento social, un modelo de emprendimiento que ha revolucionado la manera de hacer negocios y al mismo tiempo la forma de resolver importantes problemas que aquejan a la sociedad y al medio ambiente. Y así como hubo un Steve Jobs, también el emprendimiento social tiene su propio rockstar, su nombre: Muhammad Yunus.

No hace mucho tiempo, en 1974 para ser exactos, el joven Yunus recién regresaba a su país natal Bangladesh, después de haber realizado sus estudios de economía durante una estancia en la Universidad de Vanderbilt en Estados Unidos, cuando preocupado por la hambruna que azotaba la aldea de Jobra decidió prestar un total de 27 dólares a 42 personas para ayudarlas a subsistir; así surgió el microcrédito, un importante instrumento de desarrollo del que hablaré en otra ocasión. 

Con ese importante acontecimiento también surgió el emprendimiento social en su forma moderna (probablemente ya había antes algunos emprendedores sociales, pero fue gracias a Yunus que el modelo alcanzó un boom). Pero ¿qué es entonces el emprendimiento social?. Una de las maneras más fáciles de explicar este modelo de negocios es decir que es una perfecta amalgama entre la búsqueda de lucro de una empresa y el propósito de solucionar un problema social de una fundación.  

Si pudieramos elegir las mejores cualidades de ambos modelos tal vez nuestra lista estaría compuesta por el lado de la empresa, de su elevada productividad, innovación, estrategias de marketing, distribución y la búsqueda de beneficios económicos a través de economías de escala. Por el lado de la fundación, definitivamente tendríamos el propósito de ayuda y la preocupación por los problemas sociales y/o ambientales (pobreza, hambre o cambio climático, por mencionar sólo algunos).

Una empresa social puede aportar una solución en dos maneras principalmente: con el producto o servicio generado en sí, o por medio de los recursos obtenidos por la venta del primero, los cuales son utilizados para resolver el problema objetivo.

Podría decirse que este nuevo modelo de negocios tiene como principal motivación la solución de un problema social y para ello se vale de las estrategias y herramientas de una empresa. Para el emprendedor social el lucro no es el fin, es sólo un medio.

En esta nueva era de problemas constantes y recursos limitados, pero también de mayor conciencia, el emprendimiento social surge como respuesta a muchos de los problemas en diferentes partes del mundo. Aún queda mucho por escribir sobre este modelo de negocios (quizás mas adelante escriba una segunda parte), pero si hay algo importante que decir en este momento, es que el emprendimiento social está acabando con la idea de que el éxito de una empresa está relacionado directamente con el beneficio económico; por el contrario, el emprendedor social sabe que el éxito está en ayudar a solucionar un problema. Esa es quizás la mejor parte, que no importa cuánto pueda facturar una empresa en ventas, nada será mas reconfortante que aportar una solución -por muy pequeña que sea- a la sociedad y al planeta.